Puente sobre el fango

20 mayo

Bueno, Alejo, ya hay presidente y parlamento. No salió un payaso o un comecontracandela, por fortuna, por inmensa fortuna. Es un economista que cayó en desgracia cuando la revolución, quizá el más serio de la antigua oposición, esos méritos se le conocen ahora, porque antes casi nadie lo conocía. El hombre pasó toda la campaña hablando de legalidad y economía, y de unidad. Precisamente por ese discurso repetitivo de la unidad, pensé que se quedaría lejos, aquí todo esto de la unidad y la reconciliación ya se ha dejado de tocar con tanta persistencia, pues implica que todavía hay gente con la que hay que reconciliarse y unirse, eso suena a detergente en el piso, y hay mucho miedo, y mucha confusión. Pero ya ves, nunca se sabe lo que piensa un cubano, nosotros aquí como siempre, especialistas en curvas. Todas las agencias famosas de encuestas y todos los encuesteros (ahora eso es tremendo negocio aquí, la predicción, desde babalaica a científica) todos dejaban a este hombre en segundo plano con su tufo a vieja retórica. Y ganó. Es un tipo aparentemente firme, no hizo concesiones a las preguntas de los periodistas, ni dudas ni consignas. Los cortesanos aplaudiendo y abrazándose entre ellos y él tranquilo sonriendo y asintiendo con la cabeza. Habló de nuestras tradiciones históricas paralizadas por un accidente de medio siglo, o sea, los que nacimos en el 59 y estuvimos del lado izquierdo por excesivo tiempo fuimos fantasmas ociosos durante toda la revolución según esta poética de la tradición paralizada, no hicimos nada, no creamos nada. ¡Qué absurdo! Pero bueno... ¿Por qué nadie se atreverá a afrontar toda la historia? ¡También la incómoda, coño! Si todo el mundo sabe que eso es mentira, es infantil eso. Y ahora incluso este hombre no puede hablar claro (o no debe). Si el nuevo presidente empieza institucionalizando la prudencia extrema con todo lo que signifique período comunista (o castrista, como exactamente fue), vamos a seguir demorándonos, y demorándonos, y demorándonos.
Hay comisiones culturales, grupos, iniciativas y el cojón divino rescatando nuestras tradiciones, están gastando toneladas de neuronas y energía intentando hacer un puente de medio siglo de largo para ahorrarse meter los pies en el fango. Esta es la moda intelectual ahora. Y en estas comisiones se enrolan todos los que fueron empujados al exilio (o muchos de ellos), a pesar de haber estado hasta el último momento trabajando en la revolución. Gente que fue censurada y se fue, y se hizo famosa afuera, ahora no se acuerda de que usó la telaraña burocrática revolucionaria para crear y publicar también aquí. Es cómico con carajo, parece que todos vivieron antes del 59, murieron medio siglo, y volvieron a nacer ahora. Hay que sacar del fango lo bueno de ese medio siglo y limpiarlo para que haga contrapeso a la euforia de los nuevos tiempos. El barco se hunde si se escora demasiado, lo mismo da si hacia la izquierda o hacia la derecha. El que vivió toda su vida en la revolución y no se exilió –o no pudo–, se siente ahora debajo del puente, en el fango. Y nadie quiere ser tirado al fango. Eso va a provocar una toma de posición de toda esa gente que no tiene un nombre pero que tiene dignidad, y que creyó en lo que creó, aunque no haya sido conocido ni adentro ni afuera. Sólo hay que vencer un poco el miedo a ir contra la corriente, que como ha llovido tanto, todavía es arrasante. Y tú verás.
Por cierto, yo no voté por este presidente



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