La Isla de las Denominaciones

25 jul.

Todavía se padece el mal de las grandes denominaciones en esta islita (iba a decir de mierda, pero a mí también a veces me cuesta trabajo). Los poetas dicen que esta es la Isla Poética, los políticos que es la Isla Nueva, un conocido mío exexiliado la Isla Maldita, antes los militares decían que era la Isla Invencible. Yo quisiera saber ¿tú puedes decirme Alex si en otras islas pasa lo mismo? ¿Si es verdad que somos la Isla de las Denominaciones? La isla está sobrecargada de vanidad, quizá todas las conjunciones históricas, casuales y únicas han hecho que seamos la Isla de la Vanidad. Bueno, claro, vanidad para aquellos que están a salvo de la cotidianidad, o para algunos que todavía no están a salvo pero hacen por salir, y creen en una lotería profesional que los levite sobre la mugre. Hablando de mugre, ayer intenté alcanzar una especie de nirvana, hace tiempo tengo en la cabeza un proyecto de reciclar espiritualmente la mugre. Retomar o redescubrir lo auténtico en la superficie de construcciones viejas. Pero no en su conjunto definitorio, sino parcelas de superficie sin relación con el todo. Ayer empecé con el muro del Malecón (está casi completamente remodelado, lo que hace más auténtico a lo que resta por remozar). Pasé los dedos y los ojos por los poros del muro carcomido de salitre y pensé, y recreé todo lo que ha pasado, imaginé historias que hubieran podido suceder ahora si nada hubiera cambiado. No guiado por la añoranza, sino por imaginar algo distinto a lo que ahora sucede. También quiero ir a Centro Habana, a donde los turistas no van, meterme en los pasillos, subir las escaleras, llegar al rincón oscuro y apestoso de humedad y meao, donde están los contadores de electricidad con telarañas, sin vestigios de cotidianidad, en el silencio de las cosas que no han cambiado, que no cambiaron ni siquiera con la revolución, que no siguen el ritmo actual, dos cable entisados con un teipe negro seco por los años, por ejemplo. Cosas así. Voy a hacer fotos de esas cosas, no artísticas, sino según mis instintos, según las vea. Entonces las voy a guardar en un lugar donde se me olviden. De aquí a 100 años esas fotos van a ser algo completamente distinto, se van a despertar en un país otra vez único, salvado por la vanidad. O en un paisito latinoamericano más, eso dependerá de nosotros.
¿Qué te parece la idea? Nada del otro mundo ¿no?



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