La dignidad

14 ag.

Estoy enfermo, estoy intoxicado otra vez y no sé con qué carajo es. Esto es viejo, viene de una vez que me comí una pizza de pescado en el Vita Nuova, la pizzería ¿te acuerdas? cuando la pizza era la comida nacional, hace un carajal de años. Todo el mundo comía pizza, y Fidel diciendo cuánto queso había que echarle. Pizza de cebolla, de mermelada, de calamares ¡las bambinas! Qué tiempos. Llegabas a la casa pensando en los frijoles coloraos y el huevo y te encontrabas que alguien había traído la buena pizza ( “¡la buena pizza aquí, vamos, calientica!” el único pregón en toda La Habana) dobladita y con el queso pegado en el papel. Todo el mundo a comer pizza frente al televisor.

Te estoy escribiendo con un trabajo de madre porque me inyectaron antihistamínico, antihistamínico americano. Quién lo iba a decir, que por una aguja cubana pasara un líquido traído directamente de USA, USA aplacándole la histamina al pueblo de Cuba, made in USA inyectándose en los cubanos para siempre. Se acabó la historia, Alejo, se acabó la diferencia con latinoamérica, se acabó la diferencia entre el "mundo" y la Isla de la dignidad, aunque la dignidad fuera que un tipo le dijera a los americanos que resistiremos cien años su bloqueo y por otro lado la gente se estuviera suicidando en el estrecho de la Florida. Algunos nunca disfrutaron el lado bueno de esa “dignidad”, otros sí. Yo recibí su provecho cuando salí a Europa. ¡Ah! un cubano, venga por aquí, vamos a ayudar al cubano. Y tú leías tus poemitas contestatarios y ellos en silencio sin querer entender que lo que estabas diciendo allí era rezumo de tristeza y frustración por la utopía jineteada, que estabas negando la raíz fantasma de esa “dignidad” con la dignidad que te da sobrevivir la indignidad. Y al final no eras un tipo sincero sino un habla mierda. Equilibrista bailando en el parasol de los soñadores y los sonámbulos. Y de contra, temiendo que si había uno de la embajada en tu lectura, adiós otro viaje.

Esto es del carajo, porque se te inflama la piel un poco, y las cabronas ronchas que te pican por cualquier roce, por suerte la inyección da sueño, te duermes y pasas un rato sin sentir nada. Eso es lo que voy a hacer ahora, me voy a dormir.


Tu hermano, que te recuerda con cariño.
Todavía tengo la campana que esculpí en tu taller ¿te acuerdas? ¿Quién se habrá quedado con todas tus esculturas?



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