Nuestros hermanos en la salvación

28 ene.

Hace más de una semana estoy diciéndome que tengo que escribir, tengo que escribir, pero después me digo ¿para qué? ¿para qué escribir? ¿qué decirte? ¿de qué sirve? si por lo menos fuéramos a ganar algún dinero con eso, si fuéramos a ganar algo. Ayer me encontré en la calle a René, con la novia de hace mil años, está ¡flaco! Cuando la revolución tenía tremenda influencia en la televisión, que se la ganó luchando, trabajando con cojones. Ayudaba a todo el mundo, no era un realizador brillante, pero tanta gente le debía auxilio. Anda con la ropa gastada. Los últimos tiempos de la revolución logró empatar un viaje de trabajo a Jamaica y estaba empezando cosas allá, se le ocurrió regresar (a pesar de que odiaba todo lo que le rodeaba aquí) y lo atrapó la envidia, no salió más. Al principio, cuando le preguntaba por sus cosas en Jamaica, decía que se había enredado con trabajo aquí, después lo dejé de ver cuando yo mismo salí a Europa. No lo vi más, hasta ayer. Y está reducido, está más bajito, con su novia eterna que yo sé que no quiso especialmente. Iban caminando apurados, como si todavía tuviera mucho que hacer, pero yo sé que el haber sido buena gente no es un currículum en estos tiempos, yo sé que ya no es útil, quizá sólo su novia le hace recordar lo importante que fue. Yo lo aprecié tanto, el primer video que hice por dinero fue con equipos que él me resolvió, le di agradecimientos especiales en los créditos, eso fue lo único que ganó. Me quedé mirándolo alejarse, su novia al lado, no les quité la vista, y no hablaron, no comentaron nuestro encuentro, siguieron caminando entre el humo de las guaguas y la gente.
Ahora tocaron el timbre, son la gente de la Reconciliación Cristiana, muchachas jóvenes vestidas de monjas, niñas lindísimas, blancas, vírgenes, inaccesibles sexualmente. Andan en bicicletas italianas y van a cualquier parte. Mi hermana, que ya no sabe qué hacer para encontrar sentido a su soledad, les aceptó una revista que publican y con esa le trajeron tres más. Mi hermana estuvo al borde del jineterismo, cuando todas sus amigas del barrio se acostaban con extranjeros, ella regresaba a casa sola, acompañada por el defraudado que le debió tocar, o simplemente sola. Muchas de aquellas se atomizaron en España, en Italia, o en México las menos agraciadas, pero ella se contentó con pintarle las uñas a mi hija, y vestirla linda para los cumpleaños, esperando un yuma que la sacara de esta mierda, y que nunca dejó llegar. Ahora está allí sentada con las misioneras, quizá al final se empate con Cristo.
Mi hermana es una de los tantos cubanos que no creían, y buscaban fervientemente algo que los tranquilizara, que les devolviera la fe después de que la gran Religión (Revolución) cubana se diluyó. Pero esa gente nunca creerá, la religiosidad yo creo que es como el talento, se nace con él. Al final, con la llegada del Papa y todo aquello, las iglesias se llenaban, muchos de aquellos nuevos fieles eran de los que rompían los cristales de las iglesias cuando eran niños, como yo cuando niño. Mi escuela era una de aquellas tantas que habían sido un monasterio hasta el triunfo de la revolución, y que al triunfar, Fidel les pidió a los curas (o les quitó, nunca he leído sobre eso) la mitad de algunos monasterios para convertirlos en escuelas. Era muy interesante, los pasillos interiores terminaban abruptamente en grandes paredes, levantadas como con furia. Nunca había ni una hendijita para mirar al otro lado, la religión era sinónimo de brujería para nosotros, con todo el misterio y el atractivo que eso tiene para los niños. Allí, frente a la pared, tú sentías la pasión rabiosa, metafísica, en la madera oscura, en los clavos intoxicados de odio, de telaraña, era el borde de dos mundos poderosos que hacían un trato de paz tensa. Esa paz era rota a pedradas por los hijos del nuevo poder. En el recreo nos escapábamos en pequeños comandos guerreros y le tirábamos piedras a los vitrales del ábside. Lo mejor de la aventura era aguantar sin correr la salida del cura blandiendo el bastón, entonces huíamos hacia la escuela gritando ¡cura, maricón! La escuela era nuestro estado mayor (todo el país alrededor de la iglesia era territorio ateo, o sea, seguro). El cura ni se molestaba en dar las quejas en la escuela, porque los profesores eran revolucionarios, y si hubiera habido alguno que no lo fuera, se habría cuidado mucho de escuchar al cura. Rompíamos los vitrales de la iglesia porque era nuestra contribución infantil al odio contra el "Opio de los Pueblos", humillar a un enemigo poderoso siempre da placer, y ya sabes que los niños son especialmente morbosos en eso de humillar, y muy sensibles a la atmósfera que crean los mayores. Y ya tú ves, 30 años después, en el famoso 4to. Congreso, resultó que los religiosos eran nuestros hermanos en la salvación de la patria y hasta podían entrar en el Partido. El país de las mareas. Bueno, para eso somos una isla ¿Te imaginas que ahora ellos nos rompan los cristales a nosotros? Menos mal que no son musulmanes.
¿Tú fuíste creyente, Alexis? ¿o también rompiste cristales? Bueno, aunque tú eres más viejito, cuando aquello ya tú estabas bastante grandecito para andar correteando delante del cura. Ya tú usabas pañoleta hace rato. La pañoleta ¿te acuerdas? Hacerse el nudo especial aquel lo podían sólo los grandes, a mí me iniciaron como pionero junto a los otros niños en un acto multitudinario, y los padres de la parte de afuera sonriendo orgullosos ¡Pioneros por el comunismo! ¡Seremos como el Che! y yo tratando de hacerme el nudo antes de que llegara el niño mayor a hacérmelo. Después con el tiempo era ¡Seremos como el Che! y los jodedores entre dientes ¡Asmáticos! Me estoy fumando un tabaco malo con coño, esta mierda se apagó otra vez.
Tengo que ir a buscar a mi hija a la escuela, sigo otro día, Alejo.

Tu hermano



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