Los apagones

2 feb.

Hoy te estoy escribiendo con una sensación extraña, estamos en un apagón, y como mi casa y mi cuarto no han cambiado nada en mucho tiempo, y fuera de la ventana sigue el mismo platanal y los gorriones escandalizando antes de dormirse en la mata de limón, de pronto puedes creerte que no ha pasado el tiempo y estamos en la revolución. El apagón nadie sabe por qué es, suerte que todavía hay claridad ¿Tú te imaginas que de pronto vuelvan los apagones de 12 horas? Fue del carajo aquel año 93 (¿ó 92?) Yo dormía en una balsa inflable en el balcón, con los mosquitos zumbando, acordarse de eso es del carajo. La gente durmiendo en los bancos de quinta avenida, en las azoteas. A la azotea también subían los mosquitos, pero además estaba el peligro de que te rodaras y te calleras. En ese tiempo era lo del mejor vino cubano, el vino La Luz. También en ese tiempo se acabó la alegría de la gente cuando venía la luz, al final ni los niños gritaban ya. Los niños, compadre, despertándose llorando con el apagón de las cuatro de la mañana todo sudados con los mosquitos comiéndoselos y uno echándoles fresco con un cartón. Esto de hoy seguro que es un transformador que se jodió. Mi hermana lloraba de impotencia, y mi mamá preocupada por la estabilidad nerviosa de mi hermana. Eso hay que recordarlo para cuando la gente empiece a idealizar el pasado, como siempre pasa, más ahora, que no llega la espectacular modernidad que los ignorantes esperan.
Ya vino la luz. En el Cerro cada vez que se iba la luz la gente le entraban a pedradas a cualquier cosa y al final lograron que no se la quitaran, pero entonces se la quitaban más a los barrios tranquilos. Aquí los pinchos ponían la plantica o se iban a casa de otros pinchos y dejaban el barrio tirao en la oscuridad.
Te sigo escribiendo mañana, porque tengo un hambre del carajo.

Tu socio.



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